Lorena Lopez de Lacalle Arabako Kultura Diputatua zen Iruña-Veleiako auzia lehertu zen garaian. Bere errua izan zen neurri handi batean auziak hartu zuen bidea, laborategietara zuzendu beharrean epaitegietara bideratu baitzuen, gaia irteera zaileko zulo batera eramanez. Hori gutxi balitz, grafitoen aurkezpenaren 20. urteurrena aprobetxatuz, bere erantzukizuna onartu beharrean, adierazpen ezin arinago batzuk egin ditu Radio Vitorian. Virgilio, Nefertiti, txerritxoa eta abar aipatu ditu, ezagutzen ez dituen gaiak, berak izendatutako batzordearen “ezintasunak” zerrendatuz, bere ohiko arinkeriaz.

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“Mucho me temo que me estoy convirtiendo en dios…” parafraseando a Plutarco esas serían, poco más o menos, las últimas palabras del emperador Vespasiano, quien, sintiéndose morir hizo esa gracieta, riéndose del sistema religioso vigente, del sistema político, con la adulación del Senado, que divinizaba a la emperadores fallecidos e incluso riéndose de su propia circunstancia vital.
Está claro que los antiguos tenían sentido del humor y utilizaban la ironía y la caricatura, dos mil años no son nada en términos evolutivos. En un graffiti de la famosa Pompeya se ve una imagen con aspecto de cómic: un personaje con los rasgos faciales exagerados y el rotulo “Rufus est”. Está claro que alguien, dotado para el dibujo se desahogó contra Rufo, que, por cierto, siempre me ha parecido un antepasado del inefable Mister Magoo (seguro que los más viejunos del lugar lo recuerdan…😉).
Es lo que pasa cuando alguien, sin filtros, se pone a predicar para justificar decisiones políticas, que no científicas. Todo se nos enreda, pasado y presente y todo sirve para caricaturizar al adversario.
Pareciera que, como se atribuye a aquel infausto personaje, “todo está atado y bien atado”. Pero eso está lejos de ser una realidad en la controversia de Iruña Veleia. Hay un eficaz relato oficial, simple, directo y de trazo grueso. Un mantra que sirve para cerrar cualquier atisbo de debate.
En esas consignas de trinchera política, útiles para la propia parroquia, no vamos a encontrar ni sutileza ni ciencia: el cerdito “Porky” en un grafito, junto al nombre de Júpiter, impiedad y caricatura moderna, ergo imposible. Pero es que es justo al revés: Porky se parece a cualquier caricatura de cerdo del pasado y sobre el cinismo y la impiedad en el mundo clásico hay como para hablar largo y tendido, item más, en la otra cara de la cerámica del cerdito de Veleia se menciona a un oscuro personaje mitológico: Mamers Mamerco hijo del mismísimo Marte, quien entregó la lanza del destino a su hijo, con la que cazó al jabalí de Ceres (sellando su ominoso destino), como puede verse, una sola pieza da para mucho, con referencias cruzadas, intertextualidad, manipulación de los mitos…
Los nombres de personajes “en castellano”. Una gran mayoría de los nombres de personas o divinidades de Veleia tienen aspecto “moderno”, al acabar en -o y no en -us, como en época clásica. En primer lugar hay que recordar que no estamos hablando del latín clásico ni analizando los discursos de Cicerón. Por el contrario, se trata de inscripciones informales, domésticas, privadas, de entrada un registro lingüístico no estándar. Además las fechas lo son todo. Si ya en los múltiples graffiti de Pompeya los especialistas han encontrado claras pruebas de un “romanceado” de ese latín y hablamos del año 79 d.C., es de recibo considerar lo que pudo ocurrir en un ambiente provincial, multilingüe, varios siglos después, y es que la inmensa mayoría de las inscripciones de Veleia se sitúan entre la baja romanidad y la antigüedad tardía, entre los siglos III al V y seguramente más allá, fechas en las que el imparable proceso de la derivación del latín clásico a los proto romances regionales estaba en plena vigencia, máxime en el registro hablado y escrito “no normativo”.

Otro tanto ocurre para el vasco antiguo presente en algunas inscripciones veleienses, no son ya inscripciones en alfabetos paleohispánicos, como la de Irulegi, del siglo I antes de Cristo, son varios siglos posteriores y están consignadas en alfabeto latino. Pero, se argumentó, que, esas inscripciones, al margen de problemas léxicos y gramaticales “no encajan con lo que se esperaba para el euskera de aquella época” por tanto, eran falsas. Lo que ocurre es que la ciencia no funciona así, se construyen modelos, se proponen teorías y se van verificando conforme avanza el conocimiento y se obtienen más datos. La resistencia al cambio es muy humana, pero poco científica. Lo honrado es analizar cada nuevo dato, sus pros y sus contras. Ignorar lo que no cuadra o no conviene es mala idea, ni siquiera el muy preclaro Einstein es inmune a la revisión de sus teorías. Lamentablemente entender el universo no tiene las implicaciones políticas, ideológicas, institucionales y académicas que tiene el origen y antigüedad del euskera, una verdadera patata caliente donde nadie quiere quemarse o ver alterado su estatus, siempre en precario equilibrio.
Veleia siempre tiene una para el Diablo y otra para Dios, ahí están las representaciones de cruces, crucificados y calvarios, que han hecho correr apasionados ríos de tinta, muy negra, por supuesto. Es tan extraña esa iconografía? Verdaderamente es notable la pulsión iconográfica que hizo aflorar ese puñado de imágenes, pero, nuevamente el contexto y la cronología lo es todo. Si ya conocemos tempranas representaciones de crucificados, en el siglo I d.C. como la, por cierto muy burlesca del Palatino en Roma, con la figuración del pobre “Alexamenos adorando a su dios” (una figura humana con cabeza de burro crucificada), lo cierto es que avanzando el bajo imperio y adentrándonos en la antigüedad tardía, asistimos a la eclosión de las figuraciones de la crucifixión de Cristo, tanto mixtificada con los cultos mistéricos, como en la pléyade de gemas gnósticas del bajo imperio que custodian los más importantes museos y colecciones del mundo (como el British Museum) hasta las representaciones “oficiales” del calvario, como la de las puertas de la Basílica de Santa Sabina en Roma, del año 432 d. C. esto es, la horquilla de fechas en las que se mueven las representaciones de Iruña, donde se mezcla lo judeocristiano con múltiples influencias culturales, como se desprende de la contemplación de los propios grafitos.


Gema Mágica (S. II-III) >…………………………….< “Cruz poblada” en la cajita de marfil (S. V)
Pero no se preocupen, siempre encontraremos un (amago de) jaque mate para denostar todo el conjunto. Nos referimos, por ejemplo, a las inusuales referencias al mundo egipcio y, en particular, a la “imposible” transcripción de Nefertiti y otros faraones. Es realmente eso así? Pues, lo cierto es que Roma sufrió una especie de epifanía con la conquista y anexión de Egipto. La sincrética cultura romana adoptó (y adaptó) símbolos y cultos del Egipto clásico. Ya en Pompeya el templo de Isis era viejo cuando lo sepultó el Vesubio y la egiptomanía se extendió por todo el Imperio. Pero es que, desde la protohistoria, los elementos cultuales egipcios fueron asimilados y convertidos en objetos comerciales por pueblos como los fenicios, que los distribuyeron por todo el Mediterráneo y más allá, llegando por ejemplo, escarabeos egipcios a ciertas poblaciones prerromanas de la península. Ah, pero es que Nefertiti sufrió en su época (Imperio nuevo, dinastía XVIII, siglo XIV a.C.) la damnatio memoriae (la condena al olvido) y su nombre fue borrado (de los registros oficiales) no volviendo a la historia hasta prácticamente el siglo XX…Y, de nuevo, es eso (tan) así? Pues, de entrada, la transliteración académica del nombre jeroglífico a caracteres latinos es del siglo XIX, no del XX, “minipunto para los veristas” y nuevo tirón de orejas para la comisión. Y, además, la damnatio fue…parcial, hasta donde pudo llegar. Por el camino quedaron monumentos públicos con inscripciones no borradas y la circulación de elementos menores con su nombre, como el escarabeo hallado en el pecio de la Edad del bronce (3300 años de antigüedad) de Uluburun, en la costa sur de Turquía, con la expresión completa de su nombre Neferu Aton Nefertiti.

Ah, pero es que hay otro “jaque mate” final…el informe de Navarro. Durante el juicio se presentó un informe pericial que, por lo que sea, sólo analizó una treintena de muestras de sigillata con grafitos (NADA de cerámica común, ladrillos o hueso). La presencia de partículas de metales modernos “probaría” la modernidad de las inscripciones. Ya, pero…más allá de que, casualidades de la vida, el mismo técnico generó otro polémico informe en el caso del claustro de Palamós, caso que aún colea en lo académico, en lo político e incluso en lo social (no sabría decir a qué me suena eso! 🤔). Más allá de que en el mismo juicio se presentó otro informe (Albisu) proponiendo otra explicación razonable para la presencia de esas partículas metálicas, sin interferir con la antigüedad de las inscripciones. Más allá de eso, recientemente, un investigador independiente, Joseba Lizeaga (Universidad Pública de Navarra) ha puesto de manifiesto las carencias y contradicciones del informe de Navarro, añadiendo una piedra más frente al muro intransigente del relato oficial. Y es que “scientia vincere tenebras” (la Ciencia vence a las tinieblas), pero, no nos confundamos, por el momento (y esperemos que no para siempre) está es una confrontación de la realidad con un relato…
Rodrigo Alfonso de Logroño (SOS Iruña-Veleia)


